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El pantaletazo como cortina de humo

19 enero 2001

Por: Alejndro Peña Esclusa

El burdo manejo que el Gobierno le ha dado al affaire de las pantaletas no es inocente, porque, en primer lugar, ha desviado la atención de la grave amenaza que confrontan nuestras Fuerzas Armadas Nacionales, que no es la circulación de volantes en los cuarteles, sino la estrecha relación que mantiene el Comandante en Jefe con la narcoguerrilla colombiana.

En segundo lugar, ha servido para degradar y deteriorar la institución militar, precisamente lo que se requiere para someterla a un proyecto político contrario al interés nacional.

Justo cuando mandatarios y diplomáticos de otras naciones comenzaron a reclamar públicamente al Presidente Chávez su apoyo a grupos subversivos latinoamericanos, y justo cuando las FARC emitieron un comunicado titulado «Chávez no está solo», ofreciendo apoyo militar al Presidente, aparecieron las pantaletas.

No digo que los volantes sean invento del Gobierno, pero el manejo que se le ha dado al asunto ha magnificado el problema y ha relegado a un segundo plano lo que debería ser el tema de discusión nacional: la traición de Chávez por su abierta vinculación con la guerrilla. De paso, se ha ocasionado un daño irreparable a las FAN.Muchos opinan que el Presidente Chávez quiere gobernar con la institución militar, pero eso no es cierto (aunque, por conveniencia, haya nombrado a oficiales de su confianza en altos cargos que corresponden a civiles). La pura verdad es que Chávez está destruyendo a las Fuerzas Armadas, politizándolas, asignándole funciones que no les corresponden y trastocando las definiciones tradicionales de «fuerzas enemigas» por «fuerzas amigas» (y viceversa).

Fidel Castro sabe que no es fácil imponer en Venezuela un régimen comunista como el cubano, por ser contrario a nuestra identidad nacional, y por eso ha diseñado un plan para eliminar toda resistencia, que incluye: la estrangulación de la economía privada, la demolición de los sindicatos y gremios, el ataque contra la Iglesia Católica y otros credos religiosos, el adoctrinamiento de los jóvenes por medio de un Proyecto Educativo de corte cubano, y, por supuesto, la destrucción de las Fuerzas Armadas Nacionales.

El manejo soez y sensacionalista que se le ha dado al caso de las pantaletas se enmarca perfectamente dentro de los lineamientos de Castro.