Peña Esclusa en Foro Madrid: De la seguridad hemisférica a la integración iberoamericana

Seguridad hemisférica, Brasil e integración iberoamericana
El pasado 3 de septiembre de 2026 se celebró en Santiago de Chile el V Encuentro Regional de Foro Madrid. Alejandro Peña Esclusa participó como panelista en la sesión titulada “El nuevo papel de Estados Unidos en Iberoamérica”, moderada por el periodista venezolano Orlando Avendaño.
El panel contó además con la participación de Brandon Judd, embajador de Estados Unidos en Chile; Mike González, investigador principal de The Heritage Foundation; y Eric Farnsworth, socio de Continental Strategy y exfuncionario de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos. A continuación, se presentan, en versión editada, las intervenciones de Peña Esclusa durante el encuentro.
El narcotráfico como una forma de guerra
Orlando Avendaño: Alejandro, los acontecimientos que hemos analizado evidencian un retroceso significativo del proyecto del Foro de São Paulo, tema al que usted ha dedicado tantos años de estudio hasta convertirse, probablemente, en uno de sus mayores expertos. La nueva política exterior estadounidense, acompañada por el avance de las fuerzas de derecha en la región —impulsado en buena medida por la victoria de Javier Milei—, ha contribuido a marginar ese proyecto. Sin embargo, persiste la percepción de que la política es pendular y de que, dentro de algunos años, esas fuerzas podrían recuperar el poder. ¿Es inevitable que regresen? ¿Cómo puede consolidarse el cambio actual para que perdure más allá del gobierno de Donald Trump y no dependa de quién ocupe la Presidencia de Estados Unidos? En definitiva, ¿qué debe hacerse para que esta transformación del hemisferio sea estable y duradera?
El gran acierto del Escudo de las Américas y de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos consiste en reconocer que el narcotráfico constituye una guerra y que, por tanto, no puede enfrentarse únicamente mediante acciones policiales. Se trata de una modalidad de guerra híbrida que destruye instituciones, corrompe Estados y causa más víctimas que muchos conflictos convencionales.
La designación de las organizaciones narcotraficantes como organizaciones terroristas activa mecanismos jurídicos, financieros y militares más eficaces para combatirlas. Ese nuevo enfoque ha permitido actuar contra figuras y estructuras que durante años parecían intocables, desde Nicolás Maduro hasta los grandes jefes de los carteles. Derrotar esas organizaciones es una condición indispensable para que el proceso de recuperación política que vive la región pueda consolidarse.
Brasil, el desafío decisivo
El principal obstáculo pendiente se encuentra en Brasil. Para consolidar el Escudo de las Américas es necesario que las fuerzas democráticas y conservadoras ganen las próximas elecciones brasileñas. No se trata de un país más: Brasil es la nación más extensa y poblada de la región, una de las diez mayores economías del mundo y comparte fronteras con diez países sudamericanos. Su orientación política puede definir el equilibrio de todo el hemisferio.
Lula da Silva no ha querido incorporar a Brasil al Escudo de las Américas. Existen varias razones para ello. En primer lugar, es uno de los fundadores del Foro de São Paulo y mantiene una prolongada relación con las fuerzas que integran esa organización. La actuación brasileña durante la crisis hondureña de Manuel Zelaya constituye uno de numerosos ejemplos de esa solidaridad política.
En segundo lugar, durante los distintos gobiernos de Lula se profundizó extraordinariamente la relación entre Brasil y China. Desde su primera llegada al poder, el intercambio comercial bilateral se multiplicó por diecisiete y el comercio de Brasil con China llegó a duplicar el sostenido con Estados Unidos. Esa dependencia económica ha adquirido una evidente dimensión geopolítica.
En tercer lugar, Lula reaccionó negativamente ante la decisión estadounidense de tratar como organizaciones terroristas al Comando Vermelho y al Primeiro Comando da Capital, dos de las estructuras criminales más poderosas de Brasil. Finalmente, participó como figura central en la cumbre Global Progressive Mobilization, celebrada en Barcelona y orientada a coordinar internacionalmente la respuesta progresista a la política de Donald Trump.
Por estas razones, la elección brasileña será decisiva. Sin Brasil resultará mucho más difícil consolidar una arquitectura común de seguridad; con Brasil, el Escudo de las Américas podría adquirir verdadera dimensión continental.
De la seguridad a la prosperidad
La cuestión fundamental es cómo impedir que la región vuelva a oscilar indefinidamente entre una marea política y otra. Hoy tenemos una oportunidad histórica como no la habíamos tenido en un siglo: transformar la nueva seguridad hemisférica en integración económica y prosperidad duradera.
Iberoamérica puede constituir un mercado común de aproximadamente 600 millones de habitantes que hablan, en su mayoría, lenguas mutuamente cercanas y comparten raíces culturales y una visión judeocristiana de la sociedad. Esa escala representa un enorme poder económico, político y estratégico. Aprovecharla permitiría reactivar nuestras economías, atraer inversiones y ofrecer mejores oportunidades a nuestros pueblos.
Los esfuerzos anteriores —como el Mercosur o el Pacto Andino— no lograron completar la integración porque esta no puede existir solamente en documentos y acuerdos comerciales. Requiere integración física: ferrocarriles, carreteras, sistemas fluviales, redes energéticas, puertos y oleoductos que conecten efectivamente a nuestros países.
Durante décadas, el narcotráfico y las guerrillas hicieron imposible esa infraestructura. Las vías, los oleoductos y otras obras estratégicas eran atacados, saboteados o sometidos a la extorsión de organizaciones armadas. La seguridad proporcionada por el Escudo de las Américas puede crear las condiciones necesarias para superar ese obstáculo y avanzar hacia una integración real.
La seguridad no constituye un fin en sí mismo. Debe abrir el camino al desarrollo económico y, por esa vía, a la solución de los problemas cotidianos de nuestros pueblos: mejores empleos, salud y educación. Así como el Escudo de las Américas requiere la cooperación de todos, el desarrollo económico también debe ser una empresa compartida.
La combinación de la nueva política de Estados Unidos, los triunfos electorales de la derecha y un programa de crecimiento basado en un mercado común iberoamericano puede convertir a nuestra región, como se ha dicho en este encuentro, en el continente de la esperanza.
Venezuela: estabilidad, legitimidad y transición
Orlando Avendaño: ¿Alejandro, en Venezuela el trabajo está hecho?
En Venezuela se ha producido un cambio trascendental, pero todavía existe un riesgo que debe atenderse. Los venezolanos recibimos con satisfacción y gratitud la impecable Operación Resolución Absoluta, que culminó con la captura de Nicolás Maduro. Sin embargo, ese respaldo no significa que el pueblo venezolano acepte la administración interina encabezada por Delcy Rodríguez y vinculada a Diosdado Cabello.
Quienes padecimos la persecución del chavismo no podemos ignorar esa realidad. En mi caso, permanecí encarcelado durante un año en El Helicoide y fui perseguido durante seis años por el aparato construido por Chávez y continuado por Maduro, Diosdado Cabello y Delcy Rodríguez. Como analista, comprendo que algunos de esos actores pueden resultar funcionales durante una etapa provisional; como venezolano y como víctima, entiendo también el profundo rechazo que provocan.
Ese rechazo constituye un riesgo político. En determinados momentos, las heridas, la indignación y las pasiones pueden imponerse a la razón estratégica. Por ello, la estabilidad provisional debe conducir de manera inequívoca a una transición democrática y no a la permanencia de las estructuras responsables de la destrucción del país.
Una deuda de gratitud con Chile
Mi presencia en Santiago tiene también un profundo significado personal. Durante el IV Encuentro Regional de Foro Madrid, celebrado en Paraguay, agradecí al Congreso paraguayo sus gestiones en favor de mi liberación. En este quinto encuentro quiero expresar la misma gratitud al Congreso de Chile.
Mientras me encontraba encarcelado en Venezuela, el Congreso chileno aprobó, casi por unanimidad, una resolución en la que solicitaba mi liberación. Parlamentarios de Chile y de otros países americanos viajaron además a Venezuela para reclamarla directamente ante el gobierno de Hugo Chávez. Aquella solidaridad fue muy importante para mí y para mi familia.
Durante todos estos años no había tenido la oportunidad de venir personalmente a Chile. Hoy, finalmente, puedo hacerlo y agradecer aquella resolución y el compromiso de quienes defendieron mi libertad cuando más lo necesitaba. Estoy profundamente feliz y agradecido de encontrarme aquí.


