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Alianza mundial contra las FARC

14 July 2008

Versão portuguesa

Por: Alejandro Peña Esclusa

Los personajes que aparecen registrados en el computador de Raúl Reyes son tantos y tan poderosos, que resulta imposible para un solo gobierno –como por ejemplo el de Colombia– perseguirlos, enjuiciarlos y encarcelarlos. Se trata de presidentes en ejercicio, senadores, diputados, alcaldes y dirigentes políticos, de toda Iberoamérica, que se escudan en los privilegios que les otorga su cargo, para defenderse de un crimen personal y particular.

Chávez, Ortega y Correa –por mencionar sólo tres– son cómplices de delitos de lesa humanidad, por colaborar con el narcoterrorismo colombiano; sin embargo, no puede enjuiciárseles porque se aprovechan de la inmunidad que les otorga la presidencia. Además, hacen uso de la institución presidencial para defenderse de sus delitos personales, rompiendo relaciones con Colombia, chantajeando a Uribe con cortar las relaciones comerciales, enviando tropas a la frontera, recurriendo a sus aliados en la OEA, etcétera.

José Luis Merino, alias Ramiro Vásquez, debería estar ya en la cárcel, por trabajar conjuntamente con las FARC en operaciones claramente terroristas; pero se escuda en su condición de dirigente del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, para decir que es víctima de una persecución política del gobierno salvadoreño.

La única manera de hacer justicia y de desmantelar definitivamente la estructura internacional de la guerrilla colombiana, es conformando una “Alianza Mundial contra las FARC”, que sí tenga el poder para perseguir, enjuiciar y encarcelar a estos criminales en cada uno de nuestros países. La alianza debe establecerse en dos fases:

Primera, constituir una “Comisión de la Verdad”, de alto nivel, conformada por ex presidentes, magistrados, juristas, formadores de opinión y notables, que investigue la información contenida en el computador de Reyes y presente las denuncias correspondientes en todas las instancias posibles, nacionales e internacionales.

Segunda, crear un movimiento en toda Iberoamérica, conformado por las fuerzas democráticas de la región: academias, gremios, sindicatos, organizaciones empresariales, partidos políticos, educadores, estudiantes, asociaciones civiles y asambleas de ciudadanos, que introduzcan solicitudes de juicios, escriban artículos, repartan volantes y realicen acciones de protesta, desde México hasta Argentina.

A primera vista, podría parecer una meta ambiciosa, pero no lo es tanto; porque los pueblos iberoamericanos están hartos del narcotráfico, el terrorismo y la violencia. Lo único que falta es la decisión y voluntad política. Por tanto ¡Manos a la obra!