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La verdad sobre el PT y las FARC

6 August 2008

Por Alejandro Peña Esclusa
6 de agosto de 2008

Un escándalo mayúsculo se ha suscitado en Brasil por las revelaciones de la revista CAMBIO, según las cuales miembros del alto gobierno de Lula estarían vinculados a las FARC.

Los propios incriminados –entre ellos el canciller Amorim y el asesor Marco Aurelio García– han puesto el grito en el cielo, alegando que nada tienen que ver con la guerrilla colombiana, y que, por el contrario, fue el Partido de los Trabajadores (PT) el que “apartó a las FARC del Foro de Sao Paulo”.

Sin embargo, los hechos demuestran que el PT y el propio Lula han mantenido relaciones no sólo con las FARC, sino también con el ELN.

En julio de 1990, el Partido de los Trabajadores –junto con el Partido Comunista de Cuba– convocó a una reunión en la ciudad de Sao Paulo, para discutir qué hacer frente a la caída del muro de Berlín y a la presunta desaparición del comunismo. A la reunión asistieron sesenta y ocho fuerzas políticas pertenecientes a veintidós países latinoamericanos, entre ellos las FARC y el ELN.

Allí decidieron conformar una nueva organización política, de alcance continental, a la cual denominaron el Foro de Sao Paulo (FSP), para mantener viva la utopía marxista. Establecieron un mecanismo de comunicación permanente, encuentros anuales, una revista semestral –América Libre– y una junta directiva, denominada Mesa de Trabajo.

Tanto el PT como las FARC han estado –hombro a hombro– en la Mesa de Trabajo del Foro de Sao Paulo, desde su fundación hasta (al menos) marzo de este año; es decir, durante dieciocho años. Mientras que en el Consejo Editorial de América Libre ha habido –desde su primer ejemplar hasta el más reciente– algún vocero del PT y el número uno de las FARC, Manuel Marulanda, alias Tirofijo.

El decomiso del computador de Raúl Reyes, ocurrido en marzo de este año, encendió las alarmas de todos los aliados de las FARC, incluyendo las del PT. Porque en los discos duros quedaba plenamente demostrada no solamente una afinidad ideológica, sino una alianza política y operativa con el narcoterrorismo colombiano. Eso sí que eran palabras mayores.

Así que el PT ordenó una estrategia de desacoplamiento, la cual comenzó en mayo en la ciudad de Montevideo, con una rueda de prensa otorgada por el alto dirigente petista Valter Pomar, quien se desempeñaba como Secretario Ejecutivo del XIV Encuentro del Foro de Sao Paulo.

Pomar anunció con bombos y platillos que las FARC ya no pertenecían al Foro de Sao Paulo. Sin embargo –para su desventura– Daniel Ortega se encargó de desmentirlo dos días más tarde, cuando pronunció un apasionado discurso a favor de Manuel Marulanda, que fue ovacionado de pie por todos los asistentes al Encuentro, incluyendo la delegación del PT.

En resumen, la vinculación entre el PT y las FARC es fácil de demostrar. Se da a través del Foro de Sao Paulo. Hay miles de documentos públicos que lo certifican. El problema es que Lula es nada menos que el Presidente y el PT el partido de gobierno. Por tanto, aunque existan las pruebas, difícilmente haya castigo; porque las propias autoridades querrán impedir o sabotear cualquier juicio.

Solo una Comisión Internacional de la Verdad, compuesta por personalidades de toda América, será capaz de llevar al banquillo de los acusados y de llevar a la cárcel a quienes durante tantos años han sido aliados del narcoterrorismo colombiano.