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La traición de Zelaya

26 August 2008

Por Alejandro Peña Esclusa
26 de agosto de 2008

El pasado 25 de agosto, Honduras vivió uno de los días más tristes y bochornosos de su historia, cuando el presidente José Manuel Zelaya firmó el tratado de adhesión a la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba).

Decimos triste, porque ingresar al Alba significa ceder la soberanía nacional, para entregarla completamente al castro-comunismo cubano; y añadimos bochornoso porque esta entrega se hace a cambio de unos hipotéticos aportes económicos, que no benefician al pueblo, sino a quienes militan en la revolución.

De ahora en adelante, José Manuel Zelaya –quien fue elegido democráticamente por el voto popular– será un presidente decorativo. A partir de ahora, será Hugo Chávez quien gobierne a los hondureños, y Zelaya un simple títere; al igual que ocurre con Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, y Daniel Ortega en Nicaragua.

La supuestas prebendas ofrecidas por Chávez –robadas de los recursos que pertenecen a todos los venezolanos– llegarán de manera incompleta y tardía, como ocurre en otras naciones pertenecientes al Alba. Además, al pueblo hondureño le llegará apenas una migaja, porque el grueso de los aportes será usado para apuntalar un régimen comunista en ese país centroamericano.

El verdadero objetivo del Alba no es ayudar a los más pobres, sino hacer propaganda, para que otros pueblos se sumen a la iniciativa. Actualmente, el principal destinatario de la campaña propagandística es El Salvador.

Con su discurso en Tegucigalpa, Chávez le está diciendo a los salvadoreños: “Si se arrodillan ante mí, como lo hizo Zelaya, ustedes también recibirán gasolina barata. Si en las elecciones de marzo votan por mi candidato, Mauricio Funes, ustedes también obtendrán tractores gratis y todo tipo de regalías”.

Lo que Chávez no explica es que los supuestos beneficios económicos que él ofrece vienen acompañados ­de un proyecto político e ideológico, que les quitará la independencia, la soberanía y la libertad.

En cuanto a Zelaya, más le valdría leer con detenimiento la Divina Comedia, del célebre poeta florentino Dante Alighieri, muy particularmente los últimos cantos de El Infierno, donde aparecen descritos los traidores. Quizá esa lectura le haga reflexionar sobre el terrible daño que le ha hecho a su patria y a sí mismo, entregando Honduras en manos de Chávez.