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Peña Esclusa: Mensaje navideño desde la cárcel

14 December 2010

Queridos compatriotas:

Al cumplirse cinco meses de mi injusto encarcelamiento y ante la proximidad de la Navidad, quisiera plantearles lo siguiente:

El modelo castro-comunista que enfrentamos no es sólo un proyecto político, sino una cosmovisión del hombre, de la historia, y del universo. Se trata de una concepción materialista, que se proclama por encima de Dios y de sus mandatos, para imponer arbitrariamente su voluntad.

A un modelo como éste no se le puede derrotar únicamente con recetas políticas, sino recurriendo a otra cosmovisión, de carácter trascendente y con un alto contenido espiritual.
Usaré tres ejemplos para explicarme mejor:

Cuando Hugo Chávez anuncia en cadena nacional la expropiación de una empresa o de una finca, no lo hace solamente para cumplir con los postulados del socialismo, sino porque pareciera disfrutar causando dolor a los legítimos dueños.

Cuando el oficialismo persigue con crueldad a sus adversarios, no lo hace sólo para neutralizar a la oposición, sino porque le gusta hacer sufrir a sus víctimas y, al hacerlo, infundir miedo en el resto de la sociedad.

Cuando el régimen regala nuestros recursos a sus aliados extranjeros, no lo hace sólo para comprar conciencias, sino porque carece de sensibilidad humana, y le importa poco que millones de venezolanos se vean perjudicados, con tal de exportar su modelo.

En resumen, se trata de un régimen que no sólo practica el mal consciente y deliberadamente, sino que goza haciéndolo. Además, miente para justificar sus malas acciones, a sabiendas que dice mentiras.

Podría decirse que se trata de un proyecto con “tendencias satánicas”, porque llena estas condiciones: niega la existencia de Dios, viola deliberadamente sus mandatos, carece de sensibilidad humana, disfruta haciendo el mal, y recurre a la mentira.

Este proyecto ha sido capaz de avanzar porque ha encontrado un ambiente propicio en Venezuela. Cuarenta años de bonanza petrolera y de una cultura basada en el materialismo y el consumismo, han abierto un enorme boquete al “escudo moral” de nuestra sociedad.

Como consecuencia, el régimen ha logrado infundir el miedo, para que la gente no se atreva a luchar por sus derechos; y además, romper los vínculos de solidaridad, para que cada quien trate de sobrevivir por su lado, sin ocuparse de los demás.

En medio de estas circunstancias, el ciudadano común carece de las herramientas adecuadas para defenderse; mientras que el liderazgo político se queda corto, porque pretende derrotar a un proyecto totalitario y perverso con las mismas reglas que rigen en una democracia.

Surge la pregunta ¿Qué hacer para salir de este gran aprieto?

Hace cinco años, el Cardenal Castillo Lara explicó a los venezolanos las características totalitarias de régimen y planteó la solución.

El 14 de enero de 2006, con motivo de la Feria de la Divina Pastora, Castillo Lara pronunció una homilía donde dijo: “Nos encontramos en una situación de extrema gravedad como muy pocas en nuestra historia… todos los poderes están prácticamente en manos de una sola persona que los ejerce arbitraria y despóticamente; no para procurar el mayor bien de la nación, sino para un torcido y anacrónico proyecto político”.

Seguidamente, el Cardenal hizo un acertado diagnóstico de por qué llegamos a esta difícil situación: “Nuestro Señor Jesucristo ha querido, quizás, darnos una dura lección por nuestras infidelidades, por no haber sabido aprovechar los dones que nos dio… y por no haber ayudado debidamente a los más necesitados y no haber vivido limpiamente nuestra fe cristiana”.

Finalmente, Castillo Lara planteó cuál es la solución: “En esta solemne ocasión deseo proponerles que todos juntos le pidamos fervorosamente a la Divina Pastora que salve a Venezuela”.

Pedirle a Dios y a la Virgen que salven a Venezuela no significa solamente orar y esperar pasivamente a que ocurra un milagro, sino pasar por un proceso de conversión, y solicitar los dones y virtudes necesarios para enfrentar un proyecto “torcido”, como el que nos gobierna.

Conversión significa recapacitar sobre nuestros errores pasados, proponerse enmendarlos y disponerse a hacer el bien. Significa reconciliarse con Dios, para que Él transforme nuestros “corazones de piedra” en “corazones de carne”, a fin de que seamos capaces de amar a plenitud y de sacrificarnos por el bien común.

Entre los dones y virtudes que Dios le proporciona al hombre están el amor a la verdad, la solidaridad y generosidad con el prójimo, la valentía para vencer el miedo, la fortaleza para soportar situaciones difíciles, y la sabiduría para saber cómo actuar.

Desde hace años se me hizo evidente que Chávez ordenaría mi encarcelamiento. Cuando decidí por mi propia voluntad venir a prisión, lo hice poniendo mi confianza en Dios y en el pueblo venezolano.

Quise hacerlo para enseñarle a mis compatriotas que no debemos caer en el chantaje del miedo; para mostrarles que el calabozo no es la peor opción, porque infinitamente peor es vivir humillado y atemorizado.

Pensé que si podía permanecer en la cárcel, manteniendo intactos mi optimismo y alegría, los venezolanos se contagiarían con esta fuerza arrolladora que vibra dentro de mí, y de esta forma los ayudaría a perder el miedo. Claro que la fuerza que me acompaña no es propia, sino producto de la fe y fruto de la oración.

Sin embargo, mi sacrificio no se compara con el del Cardenal Castillo Lara. Me consta que durante aquella memorable homilía, Su Eminencia decidió ofrecerse como víctima propiciatoria, con el fin de pedirle a Dios por la liberación de Venezuela. En efecto, meses más tarde Castillo Lara murió, convencido de que su sacrificio sería de beneficio para nuestra patria.

El testimonio de Castillo Lara marcó mi vida y espero que inspire el mismo sentimiento en miles de otros venezolanos.

Este tipo de testimonio sublime de amor es el que salva a las naciones y a las sociedades. El más claro ejemplo es la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo, cuya entrega generosa ha causado tanto bien a la humanidad. Jesucristo nos enseñó que el mal no se combate con otro mal, sino con el enorme poder del bien.

En resumen, los venezolanos debemos volvernos a Dios, pero no sólo porque haciéndolo tendremos la fuerza y la sabiduría para derrotar el totalitarismo; sino porque vivir junto a Dios es el ultimo fin del ser humano y la fuente de felicidad verdadera.

Queridos compatriotas venezolanos: Al aproximarse la Navidad, quisiera proponerles una reflexión profunda sobre el amor de Dios por el hombre, al encarnarse en el Niño Jesús, para vivir junto con nosotros y para enseñarnos el camino de la caridad y de la felicidad.

Aprovechemos estas fiestas navideñas para experimentar un sincero proceso de conversión, para incrementar nuestro amor por la patria, y para fortalecer los vínculos familiares. Si regresamos a Dios, todos los demás problemas se resolverán por añadidura.

¡Vivan esta Navidad a plenitud! ¡Pongan su confianza en Dios! ¡No tengan miedo por el futuro! Recuerden la promesa de Cristo ¡El Mal no prevalecerá!

Queridos compatriotas venezolanos: Me despido desde mi “hermana cárcel” deseándoles una muy Feliz Navidad y un Año Nuevo lleno de alegría, libertad y prosperidad.

Alejandro Peña Esclusa
Prisionero político