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Lo bueno de estar preso

19 September 2010

Por Alejandro Peña Esclusa

Lo bueno de estar preso es que ya no pierdo largas horas en las colas, no me pueden atracar, soy inmune al secuestro express, no me afecta la inflación, no me incomodan los cortes de luz (es imposible tropezarse en un calabozo de 7 metros cuadrados).

Lo bueno de estar preso es que no veo con mis propios ojos -aunque igual me duela- cómo se destruye el país: los huecos en las calles, la acumulación de basura, el incremento de la miseria, el crecimiento de la violencia, y el deterioro de la infraestructura y de las edificaciones.

Lo bueno de estar preso es que ya no puedo quejarme por falta de tiempo para meditar, leer, aprender y escribir, que es lo que realmente me apasiona.

Lo bueno de estar preso es que, dentro de algunos años, mis hijas no podrán reprocharme por haber sido indiferente, cómplice o cobarde.

Lo bueno de estar preso es que el gobierno ya no puede acusarme de dirigir golpes de Estado, planificar magnicidios, desestabilizar “gobiernos progresistas” en América Latina, y perpetrar “sabotajes” eléctricos o petroleros. Sin embargo, los fanáticos de la Agencia Bolivariana de Noticias (ABN) parecen estar desinformados y -por increíble que parezca- me siguen atribuyendo nuevos delitos todos los días.

Lo bueno de estar preso es que no me afectan las pequeñeces. Aprendo a valorar lo que realmente importa, como el verdadero significado de la vida, el amor de la familia, la solidaridad de los amigos, la belleza del universo que Dios ha creado para nosotros, y el ilimitado poder de la mente humana.

Lo bueno de estar preso es que el gobierno ya no puede asustarme con la amenaza de meterme preso; así que soy realmente libre de pensar y de opinar como mejor me parezca.

Pensándolo bien, mejor es estar aquí encerrado -pero libre en mi corazón- que allá afuera aprisionado por el miedo y por la tristeza.

Por eso, les prometo que haré lo posible por liberarlos.