Inicio » Escritos

Por la libertad

18 agosto 2010

Por Aníbal Romero

Es de elemental justicia reconocerle a Alejandro Peña Esclusa su condición de incansable luchador contra el régimen despótico que intenta perpetuarse en Venezuela. Peña Esclusa ha sido pionero de la resistencia democrática, y desde el inicio del proceso chavista ha venido señalando tres puntos fundamentales.

En primer término que la verdadera naturaleza de la «revolución bolivariana» es de izquierda radical, aliada con el castrismo y orientada a repetir el experimento cubano en Venezuela.

En segundo lugar que el proyecto chavista tiene una dimensión continental, y que el terreno de combate debe ser visto con amplitud y en función de un enfrentamiento a escala latinoamericana. En tal sentido Peña Esclusa ha denunciado con acierto la importancia del llamado Foro de Sao Paulo, entidad creada por la izquierda radical latinoamericana para coordinar acciones y fortalecer sus propósitos.

En tercer término Peña Esclusa ha argumentado que en Venezuela «no habrá salida democrática, pero sí puede haber una salida constitucional» a la crisis política, crisis derivada a su vez de la existencia de un régimen sustentado en el abuso de poder y orientado a asegurar que nunca podrá ser sustituido por medios pacíficos y democráticos.

No estoy seguro de que esta última idea haya sido adecuadamente comprendida por parte de algunas personas en el sector democrático. De mi lado la interpreto así: la lucha electoral es necesaria pero no es un fin en sí misma; se trata un medio dirigido a movilizar la resistencia y agudizar las contradicciones del régimen. Sería no obstante ingenuo suponer que habrá una transición «normal» en Venezuela. El régimen existe precisamente para evitarla.

Lo esencial es entender que con su proyecto comunista Chávez ha roto el pacto social venezolano y se ha deslegitimado totalmente, ya que la alianza con la Cuba castrista y el intento de instaurar en nuestro país un despotismo marxista son rechazados por la abrumadora mayoría de venezolanos, violan la Constitución, fracturan el consenso civilizado y destruyen los pilares fundamentales de la convivencia nacional.

Debido a lo expuesto la «revolución bolivariana» ha perdido su legitimidad y los ciudadanos hemos accedido a los derechos constitucionales de resistencia cívica y rebelión democrática (Artículo 350), que son fueros inalienables frente a un gobierno despótico que usa las leyes a su antojo, persigue la disidencia, irrespeta los códigos y reglas y utiliza de manera arbitraria los poderes del Estado para perdurar en el poder a toda costa. Tales derechos están vigentes.

Es imposible pronosticar cuándo se producirá el desenlace que tarde o temprano conducirá al fin de esta etapa ignominiosa en la vida venezolana. Como he dicho otras veces, lo único que realmente podemos saber con certeza es qué debemos hacer, y la respuesta no es otra que seguir resistiendo el despotismo. Personas como Peña Esclusa proporcionan un ejemplo de compromiso real y de efectiva disposición al sacrificio personal, en función de la reconquista de la libertad y la democracia en Venezuela.

Con estas líneas deseo transmitir a Alejandro Peña Esclusa, sus familiares y allegados, un gesto de solidaridad y genuino aprecio, y expresarles mi plena confianza en que las dificultades por las que atraviesan no serán estériles sino que eventualmente tales sacrificios darán sus frutos. Extiendo igualmente estas palabras a todos los presos del régimen y sus valientes familias, a los que sufren en carne propia el hostigamiento y la injusticia. A ellos les digo: Vendrá el amanecer.