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Peña Esclusa explica cómo ganar la guerra asimétrica

9 August 2010

Cumpliendo con el compromiso de publicar por entregas el libro “El Plan B”, escrito por Alejandro Peña Esclusa desde la cárcel, anexamos a continuación el capítulo 3, titulado “¿Cómo vencer la guerra asimétrica?”:

Se entiende por “guerra asimétrica” el método de lucha que utiliza un ejército para enfrentar a otro más poderoso.

Aunque existen diversos tipos de “guerra asimétrica”, el más eficiente es aquel que apunta a la psiquis de las fuerzas contrarias, para confundirlas, dispersarlas o hacerlas creer que no tienen oportunidad de triunfar. Esta variante se denomina “guerra psicológica”. Lo anterior no se limita sólo al ámbito militar, sino también al político.

El gobierno y sus colaboradores constituyen un pequeño grupo; mientras que quienes se oponen al oficialismo constituyen la inmensa mayoría de los venezolanos.

Sin embargo, aquellos hacen creer que tienen gran respaldo y poder. Esto lo logran mediante la propaganda, encuestas falsas, y elecciones fraudulentas, avaladas por algunos sectores de la oposición.

Si el gobierno realmente contase con la mayoría, sería el primer interesado en el voto manual y en el conteo total de las cajas.

Otro aspecto de la “guerra psicológica” es mantener una ofensiva permanente en contra de la población, para que no tenga tiempo de pensar o de reaccionar. Esta ofensiva incluye la promulgación de leyes totalitarias, medidas arbitrarias contra la disidencia, persecución a los adversarios, ataques públicos y escandalosos contra quien se atreva a opinar en contrario y, en fin, todo aquello que sirva para infundir miedo o impedir una contraofensiva.

Esta estrategia logra, entre otros efectos, que cada sector se mantenga distraído defendiendo su propio espacio, para que no se ocupe de los asuntos globales. Por ejemplo, los empresarios luchando contra las confiscaciones, los medios defendiendo la libertad de prensa, los sindicatos protegiendo sus reivindicaciones laborales, y así sucesivamente.

Por su parte, el ciudadano común se encuentra neutralizado, porque todo su esfuerzo está orientado a sobrevivir, en medio del desempleo, la inflación, el colapso de los servicios, la inseguridad, y otros males.

Además, mientras el gobierno maneja recursos billonarios (provenientes del tesoro de Estado), la oposición es ahogada financieramente, ya sea a través de las confiscaciones, las trabas cambiarias, la suspensión de pagos a contratistas, o de la persecución impositiva.

Para colmo de males, el gobierno ha cambiado todas las reglas del juego democrático, para que le sea imposible al individuo hacer valer sus derechos. Las elecciones están arregladas, la Asamblea controlada, los jueces parcializados o asustados, la ley mordaza impide denunciar la verdad, y la reforma del COPP criminaliza la protesta.

En resumen: estamos gobernados por una minoría que se hace pasar por mayoría; la ofensiva diaria nos impide respirar; cada quien está ocupado defendiendo su propio espacio; y las reglas del juego están en contra.

La única manera de ganar esta guerra asimétrica -y como consecuencia, resolver las situaciones particulares- es uniendo todos los esfuerzos en la obtención de una sola meta: el cambio de gobierno.