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¿Pudo haberse evitado la tragedia de Vargas?

10 julio 2000
Los Corales - 19 de diciembre de 1999

Los Corales - 19 de diciembre de 1999

Por: Alejandro Peña Esclusa

Tal como lo relató el pasado 12 de febrero uno de los columnistas del diario El Universal, Juan Andrés Sosa, en 1951 ocurrió en el Litoral Central una catástrofe parecida a la del año pasado, aunque de menor envergadura.

En esa oportunidad, la precipitación de 282 milímetros de lluvia, acumulada durante 20 días, saturó la superficie del Avila; el terreno perdió su adhesión y ocurrió un fenómeno conocido como «deslave». Miles de toneladas de tierra y de piedras descendieron por la pendiente hasta alcanzar la costa. Como la población era mucho menor a la existente hoy en día, las pérdidas materiales y de vidas humanas fueron muy inferiores a las de 1999.

Los organismos oficiales establecieron la cantidad de 282 milímetros de caída pluvial acumulada como récord histórico para el Litoral, y desde entonces esa cifra debería servir como parámetro de medición a fin de prevenir catástrofes similares.

Cronología de los acontecimientos

Seguidamente, presentamos una cronología de los acontecimientos, tal como lo reseñó la prensa nacional, conforme aumentaba cifra de precipitación acumulada registrada por los servicios de meteorología:

El 4 de diciembre de 1999, 12 días antes de la catástrofe, la precipitación acumulada de cuatro días de lluvias superaban la barrera de los 200 milímetros. Los medios informaban que tan sólo en el Estado Vargas ya habían 200 viviendas destruidas.

El 5 de diciembre, la dirección Defensa Civil en Vargas ya se había declarado en emergencia.

El 6 de diciembre, nueve días antes del referéndum para aprobar la nueva Constitución, el Centro de Información Meteorológica de la Fuerza Aérea advertía que en Vargas estaba lloviendo 3 veces más que el promedio histórico.

Para el 10 de diciembre, las precipitaciones habían alcanzado un acumulado de 250 milímetros, faltaban sólo 30 milímetros para alcanzar el récord histórico. En ese momento, existían ya un millar de damnificados en el Estado Vargas. Se habían retirado de las carreteras mil quinientas toneladas de lodo y escombros. El cerro comenzaba a derrumbarse. El Ministerio del Ambiente estaba al tanto, puesto que ese mismo día emitió una alerta.

Para el 11 de diciembre, las precipitaciones acumuladas estaban a punto de alcanzar la barrera de 282 milímetros, pero además había sucedido en apenas 11 días, y no en 20, como ocurrió en 1951, lo cual agravaba la situación. En este momento, los mecanismos oficiales debieron haberse activado, ordenando la evacuación de la población. Las autoridades estaban conscientes de la emergencia, puesto que Defensa Civil, el Consejo Nacional Electoral, y el Plan República, anunciaron un operativo especial para asegurar el traslado de los electores a los centros de votación cuatro días más tarde.

El 13 de diciembre de 1999, la curva de precipitación acumulada superó la barrera histórica de 1951. Los informes meteorológicos pronosticaban 48 horas más de lluvias torrenciales.

El 14 de diciembre, día en que el presidente Chávez pronunció su célebre frase retando a la naturaleza, las precipitaciones superaban los 400 milímetros acumulados.

El 15 de diciembre, los venezolanos salieron a votar, pero las precipitaciones acumuladas triplicaban ya la barrera de 1951. Al final de la tarde, las autoridades prorrogaron durante dos horas el proceso electoral.

El 16 de diciembre, día de la tragedia, la curva de precipitación pluvial acumulada llegó a la impresionante cifra de 1.200 milímetros.

Conclusión

Si bien el fenómeno de 1951 no tuvo la magnitud de la catástrofe del año pasado, las autoridades competentes debían saber que una vez superada la cifra récord de precipitaciones de aquel año, podría iniciarse un proceso similar de deslave.

Tres días antes de la tragedia, las precipitaciones habían superado ya la barrera histórica y los servicios de meteorología pronosticaban más lluvias. Sin embargo, todo parece indicar que autoridades asignaron una mayor prioridad al proceso electoral y decidieron desestimar los alarmantes informes sobre la emergencia pluvial. No así las gobernaciones de Miranda y Falcón, que concentraron sus esfuerzos en el auxilio y evacuación de los ciudadanos afectados por las lluvias.

La alternativa era suspender el referéndum y emprender una rápida evacuación de los habitantes de Vargas. Las pérdidas materiales eran ya inevitables, no había forma de proteger a las edificaciones del deslave, pero miles de vidas humanas sí podrían haberse salvado.