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Gobierno de emergencia para enfrentar el colapso eléctrico

21 enero 2010

Versão portuguesa

Central Hidroléctrica San Agatón - Embalse La Honda (27-11-2009)

Central Hidroléctrica San Agatón - Embalse La Honda (27-11-2009)

Por: Alejandro Peña Esclusa

La crisis del sistema eléctrico nacional es mucho más grave de lo que se piensa. Durante estos once años, el gobierno de Chávez no ha invertido lo requerido en plantas termoeléctricas, para suplir la creciente demanda. Como consecuencia, Venezuela depende en un 70 por ciento del embalse del Guri.

Según un informe de Corpoelec, publicado en diversas páginas electrónicas, dentro de ciento veinte días podríamos estar enfrentando un “colapso eléctrico nacional”, debido a que -de seguir disminuyendo el nivel de la represa del Guri- dejará de funcionar el sistema.

La respuesta del gobierno ha sido racionar el suministro eléctrico, además de ordenar la instalación de algunas plantas térmicas; pero eso no es suficiente para evitar un apagón generalizado de varios días o -en el mejor de los casos- un racionamiento severo prolongado.

En el mundo moderno en que vivimos, la economía de un país depende casi en su totalidad de la electricidad. La suspensión o racionamiento prolongado del servició eléctrico traería gravísimas consecuencias, sobre todo en la producción, conservación y distribución de alimentos. Sin mencionar los efectos nocivos en otros servicios y en el incremento de la inseguridad.

Para decirlo sin rodeos: de seguir así, nos dirigimos a una hambruna y, junto con ella, a una confrontación social por la obtención de alimentos. Un ejemplo palpable y reciente en el que debemos reflejarnos es el de Haití.

Se trata, pues, de una catástrofe parecida a un terremoto o a un deslave, pero con una ligera ventaja, sabemos que se acerca y podemos prever casi con exactitud la fecha del siniestro: el día en que el nivel del embalse del Guri descienda a 240 metros.

Un gobierno serio tomaría de inmediato tres medidas: primero, informar a la población, e incluso a la opinión pública internacional, sobre la cruda realidad de la crisis; segundo, pedir ayuda a todos los sectores nacionales e internacionales que puedan colaborar en resolverla; y tercero, solicitar la comprensión de los venezolanos para compartir los sacrificios que esta crisis conlleva.

Pero Chávez está haciendo justamente lo contrario: encubriendo y falseando la realidad; peleándose con quienes podrían ayudarnos, particularmente con Estados Unidos (suministro de plantas) y con Colombia (suministro de alimentos); y cerrándole el paso a los técnicos más capacitados, por no ser “revolucionarios”.

Además, no tiene autoridad moral para pedir sacrificios, puesto que Chávez es el principal culpable de la crisis, al no haber invertido en la modernización del sistema eléctrico, mientras que dilapidaba nuestros recursos en ayudar a sus aliados internacionales y en comprar armas de guerra.

Los dirigentes de oposición piden esperar hasta septiembre, para ganar las elecciones parlamentarias y, desde la Asamblea, comenzar a revertir los males del proceso revolucionario. Pero esa solución no es realista; primero, porque habrá un fraude masivo en las elecciones, y segundo, porque la crisis eléctrica no esperará hasta septiembre.

La única solución válida, por difícil que parezca, pasa por la renuncia de Chávez y por la conformación de un gobierno de emergencia, compuesto por los hombres y mujeres más capaces de Venezuela. Pero esta alternativa sólo es posible si los sectores conscientes del país, incluyendo a los propios chavistas, se ponen de acuerdo en la necesidad de enfrentar la catástrofe que se avecina con la seriedad y la firmeza que se merece.