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Maltrato a Honduras ocasiona indignación mundial

27 August 2009

Versão portuguesa

Por: Alejandro Peña Esclusa

Bandera de Honduras

Bandera de Honduras

Una ola creciente de indignación y de rabia está recorriendo América Latina, debido a la forma desconsiderada y cruel, como los gobiernos de la región están tratando a los hondureños.

Sorprende que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se desplace hasta Tegucigalpa; que Estados Unidos suspenda la emisión de visas; que el presidente de República Dominicana proponga la desincorporación de Honduras del TLC; que diversas instituciones amenacen con ahogar financieramente a ese país; que el juez Garzón viaje a Tegucigalpa para pontificar sobre la violación de los derechos humanos; y que los cancilleres de la OEA se apersonen en Honduras para presionar por el regreso de Zelaya.

Sorprende y a la vez molesta, porque, a estas alturas, es evidente que los hondureños destituyeron a Zelaya, simplemente para evitar que violara la Constitución y se perpetuara en el poder. ¿Es eso tan difícil de entender?
El ensañamiento de la OEA contra los hondureños contrasta con el silencio cómplice de esa organización frente al expansionismo de Chávez; sus agresiones contra Colombia; el cierre de medios en Venezuela; la feroz represión contra la opositores; los maletines para financiar campañas electorales; las relaciones de Chávez y Correa con las FARC; y centenares de otros problemas infinitamente más graves que la sucesión constitucional en Honduras.

Por eso, existe un claro divorcio entre las declaraciones de los gobernantes  latinoamericanos sobre Honduras y las expresiones de apoyo a los hondureños por parte de los pueblos.

Una cosa dice Chávez sobre Micheletti y otra -muy distinta- lo que opinan los venezolanos; solo que aquél acapara las primeras planas, mientras que éstos se expresan por Twitter e Internet. Lo mismo puede decirse de la Kirchner vs. los argentinos; Correa vs. los ecuatorianos; Ortega vs. los nicaragüenses; y así sucesivamente.

Quienes de manera tan desalmada atacan a los hondureños, están generando -sin darse cuenta- una simpatía sin precedentes hacia ese pueblo humilde y sencillo, que solo pretende llevar a cabo unos comicios pronto, para normalizar su situación.

Posiblemente, los hondureños se sientan solos y desconcertados, frente a tantas agresiones; pero los pueblos de América Latina los observan con simpatía y con admiración.

Es de suponer, que en el corto plazo, el valiente testimonio de los hondureños inspire a otros pueblos para que restituyan la democracia en sus naciones.

Es justamente el temor a ser castigados por sus pueblos -como ocurrió con Zelaya- lo que mueve a muchos presidentes latinoamericanos a criticar los hondureños. En realidad, no les interesa la democracia en Honduras; solo les importa proteger su propio futuro.