Inicio » Escritos

La Esperanza pertenece a quienes la merecen

13 octubre 2006

Prólogo de la versión en portugués de El Continente de la Esperanza
Por: Olavo de Carvalho (1)

Desde 1998, el ingeniero y empresario venezolano Alejandro Peña Esclusa tenía una visión muy clara de lo que pasaba en su país. El sabía que el ascenso de Hugo Chávez no era un fenómeno aislado, era la expresión local de una estrategia neocomunista de dimensiones continentales, respaldada por fuertes apoyos en Europa, en el mundo islámico y dentro de los Estados Unidos.

Para enfrentarla, decía él, no bastaban denuncias moralistas aisladas ni una apología teórica de las virtudes de la democracia capitalista. Era preciso un anticomunismo consciente e integral, apto para combatir al enemigo simultáneamente en los frentes político, moral y cultural; y no solamente en el político. Sobre todo, era preciso rescatar espiritualmente a la nación, oponiendo al comunismo –con  franqueza y con coraje– no un vago liberalismo o un discurso ético apolítico, sino más bien los principios judeo-cristianos tradicionales, que son la antítesis radical de la visión comunista del mundo.

La actividad pionera de Peña Esclusa y sus advertencias fueron factores esenciales para que el pueblo venezolano se organizase en un movimiento opositor, capaz de enfrentar en las calles a los esbirros del dictador, denunciarlo en los medios internacionales (contrabalanceando eficazmente a los millones de dólares que éste gastaba en la compra de conciencias en Europa y Estados Unidos) y promover una campaña de abstención electoral que acabó con el resto de legitimidad que la dictadura en ciernes todavía pudiese tener.

La bravura y lucidez venezolanas contrastan de la manera más notoria con la pasividad inerme del pueblo brasileño ante la prepotencia cínica de la izquierda triunfante, esto se debe principalmente a la diferente reacción de los políticos opositores de aquí y de allá ante la revelación de los hechos sobre el Foro de Sao Paulo y su estrategia de revolución continental.

En cuanto a nosotros, unos por miedo, otros por interés, otros por simple y pura comodidad, pero todos con el respaldo general de los medios encopetados, preferían –y prefieren– taparse los ojos a la realidad, apegándose a la leyenda de que “el comunismo murió”, cediendo ante el chantaje moral del adversario y negando así mismo la existencia del Foro de Sao Paulo. Los venezolanos supieron distinguir desde luego quien decía la verdad y quien mentía. Por eso pudieron reaccionar a tiempo.

Es por eso que hoy, aunque el dictador todavía permanece en el poder,  Alejandro Peña Esclusa puede hablar de América Latina como un Continente de la Esperanza. En cuanto a Brasil, la propia palabra esperanza se torna cada día más un monopolio de la propaganda oficial y nadie más osa pronunciarla en público sin sentir remordimiento de conciencia.

La Esperanza no pertenece a quienes la desean, pertenece a quienes saben merecerla. Entre los latinoamericanos, pocos la merecen más que el autor de este libro. Gracias a héroes como él, los venezolanos pueden comenzar a discutir planes para una Venezuela post Chávez. En cuanto al Brasil, toda visión de futuro parece cada vez más obscurecida por la sombra de los Lulas, los Stédiles y los Marcolas (2).

Digo estas cosas con la doble autoridad de quien desde hace una década y media intenta en vano alertar al pueblo y a las elites de Brasil sobre la cruel realidad del neocomunismo continental y de quien, por sus convicciones personales, no puede de manera alguna ser considerado  adepto o seguidor de Alejandro Peña Esclusa. Tengo tantas objeciones al proyecto económico que él defiende, que siento aún más voluntad para proclamar que estamos frente a un gran hombre y a un gran ejemplo para toda América Latina.

(1) Olavo de Carvalho es un reconocido filósofo brasileño.

(2) Stédile es el líder del Movimiento Sin Tierra y Marcola es el jefe de la banda criminal PCC.