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Por no actuar pronto, nos culparán a todos

28 January 2008

Publicado en: Noticiero Digital

Por: Alejandro Peña Esclusa
28 de enero de 2008

En 1933, cuando Adolfo Hitler intentó un golpe de Estado en Austria, los alemanes tuvieron la oportunidad de cerrarle el paso permanentemente; pero, por no hacerlo, el pueblo alemán fue arrastrado a un conflicto internacional que ocasionó 50 millones de pérdidas humanas.

Los Aliados –encabezados por Inglaterra, Rusia y Estados Unidos– se deshicieron del Führer, pero los alemanes pagaron las consecuencias de no haberlo hecho ellos mismos. Una de ellas fue la división del territorio germano en dos toletes, así como su ocupación por parte de fuerzas extranjeras.

Lo mismo podría ocurrir con los venezolanos por no actuar oportunamente. La alianza del Estado venezolano con las FARC es francamente intolerable. Sobre todo en una era global, en la que guerrilleros, narcotraficantes, terroristas y fundamentalistas, mantienen vasos comunicantes, convirtiéndose así en la primera y principal amenaza para la paz mundial.

Si la comunidad internacional decide intervenir para neutralizar esta amenaza, todos pagaremos las consecuencias de no haberlo hecho nosotros mismos. Sea cual fuere nuestra posición política, nos culparán a todos; ya sea por complicidad, por debilidad, por cobardía o por omisión.

Quizá la intervención no sea armada; pero sin duda habrá medidas diplomáticas, jurídicas y económicas, que ocasionarán un daño irreparable a nuestro país.

Mientras que nos dirigimos hacia este terrible curso de colisión, los líderes opositores están enfrascados única y exclusivamente en las elecciones regionales de octubre. Piensan que –de ganarlas– recuperarán importantes espacios, desde los cuales derrotar a Chávez en las elecciones presidenciales del 2013. Los principales medios de comunicación acompañan esta tesis, ya sea porque la comparten, o porque temen ser cerrados, como ocurrió con RCTV.

Sin embargo, la comunidad internacional no esperará tanto tiempo, como tampoco esperarán la hiperinflación, el desabastecimiento y la crisis social que se avecinan.

En conclusión: si no cambiamos de gobierno prontamente –por medio de mecanismos pacíficos y constitucionales– otros lo harán por nosotros y, llegado ese momento, no nos quedará otro camino que llorar lágrimas de sangre.