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Chávez, Ahmadinejad y la nueva “crisis de los misiles”

28 February 2009

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Por: Alejandro Peña Esclusa

El 6 de enero de 2009, Hugo Chávez expulsó al embajador de Israel en Venezuela. Al día siguiente, el grupo terrorista Hamas felicitó públicamente la “valiente medida del presidente venezolano”. Tres semanas más tarde, luego de reiterados discursos antisemitas por parte de funcionarios venezolanos, fue profanada salvajemente la Sinagoga Tiferet Israel en Caracas. Los perpetradores fueron posteriormente capturados por la policía, pero no hay duda de que actuaron incentivados por el discurso oficialista.

Estos hechos no son casuales. Son el resultado de los múltiples acuerdos políticos y económicos firmados entre Chávez y el presidente de Irán, Mahmoud Amadinejad, quien prometió “borrar a Israel de la faz de la Tierra”. Cabe preguntarse ¿A qué se debe esta extraña alianza entre un dirigente marxista venezolano y un líder fundamentalista iraní?

Pese al mito del supuesto apoyo popular con que cuenta Chávez, la realidad es que se mantiene en el poder debido al fraude electoral, la compra de conciencias, la represión contra sus adversarios y el miedo generalizado. Chávez sabe bien que, con la caída del precio del petróleo, enfrentará muy pronto una situación difícil, caracterizada por la inflación, el desempleo y el desabastecimiento.

Frente a la crisis, los venezolanos exigirán resultados concretos, que Chávez será incapaz de proporcionar. Además, lo culparán por no haber tomado previsiones en los tiempos de bonanza y por haber despilfarrado millardos de dólares en su revolución continental. Así que no le quedará otro remedio que recurrir a la represión, para mantener a raya a la población.

Chávez no confía en que los militares venezolanos estén dispuestos a cometer delitos de lesa humanidad para apuntalar su gobierno. Las milicias y las fuerzas paramilitares oficialistas no están lo suficientemente preparadas. Las FARC colombianas -aliadas incondicionales de Chávez- están siendo desmanteladas. Por tanto, Chávez necesita otra fuerza de choque capaz de contener el descontento popular y atornillarlo en el poder.

A finales de 1962, a Fidel Castro se le presentó una situación similar a la que hoy vive Chávez. A pesar de haber derrotado a sus adversarios en Bahía de Cochinos, Castro quedó debilitado y preocupado. La solución a su dilema fue prestar el territorio cubano para la colocación de misiles nucleares soviéticos, enfilados hacia los Estados Unidos. Como consecuencia de la “crisis de los misiles”, se firmó un acuerdo entre Kennedy y Kruschov que, entre otras cosas, sirvió para apuntalar el régimen castrista hasta la fecha.

Chávez, pupilo de Fidel Castro, aprendió la lección; solo que sustituyó la amenaza soviética del siglo XX por la amenaza moderna del siglo XXI: el fundamentalismo islámico. Chávez pretende prestarle el territorio venezolano a los grupos terroristas del Medio Oriente, no sólo para que lo defiendan internamente con el uso de las armas, sino para tener una poderosa herramienta de disuasión hacia sus adversarios internacionales.

Por si fuera poco, Chávez ha exportado su estrategia de terror, abriéndole a su “hermano” Ahmadinejad las puertas de Bolivia, Ecuador y Nicaragua, cuyos gobiernos también han firmado acuerdos políticos y económicos con Irán. Si semejante locura no se frena pronto, esta vez la “crisis de los misiles” se dará a nivel continental.