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Bolivianos ¡Ese diálogo es una trampa!

10 May 2008

Por: Alejandro Peña Esclusa
10 de mayo de 2008

Una vez conocidos los resultados del referendo realizado el pasado 4 de mayo en Santa Cruz, donde el Sí ganó con mayoría abrumadora, el gobierno boliviano invitó a los prefectos a un diálogo, a fin de negociar una salida a la crisis.

El portavoz de Evo Morales, Iván Canelas, advirtió que “los prefectos opositores que no asistan al diálogo el 12 de mayo en Palacio Quemado demostrarán ante el pueblo boliviano y la comunidad internacional que no tienen voluntad para solucionar la crisis política por la que atraviesa el país”.

Les escribo, embargado de cierta preocupación, porque el diálogo que propone Evo Morales es idéntico a los que propuso Hugo Chávez en Venezuela, cada vez que estaba contra las cuerdas. El objetivo de la invitación no es dialogar, sino ganar tiempo, para convertir la derrota en victoria y, una vez fortalecido, suspender el falso diálogo y darles un garrotazo en la cabeza.

Chávez llamó al diálogo en varias oportunidades: Durante el paro empresarial del 10 de diciembre de 2001, después de la masacre el 11 de abril de 2002, durante el paro cívico de finales de 2002, antes del referendo revocatorio de 2004 y, en fin, cada vez que se sintió acorralado.

Lamentablemente, los políticos de oposición acudieron al diálogo, pero sin fijar las condiciones adecuadas, y por eso terminaron entregando en la mesa de negociación lo que el pueblo ganó en la calle, con esfuerzo e incluso con sangre.

Evidentemente, Evo Morales está siguiendo el mismo libreto, porque, si sus intenciones fuesen sinceras, habría reconocido el triunfo del Sí, en lugar de insistir en su ilegalidad. Si sus intenciones fuesen sinceras, no estaría pidiéndole a sus aliados del Foro de Sao Paulo que mientan, diciendo que el objetivo de los referendos es desmembrar al país. Si sus intenciones fueses sinceras, le reclamaría a Hugo Chávez su intervención descarada en los asuntos internos de Bolivia.

Después de haber vivido de cerca la experiencia venezolana, me atrevo a recomendarles –queridos bolivianos– no asistir al diálogo convocado por el Gobierno, a menos que Evo Morales cumpla con las siguientes condiciones:

Primero, reconocer sin ambigüedades el triunfo de Sí en Santa Cruz; segundo, suspender las amenazas en contra de los referendos que se realizarán próximamente; tercero, exigir a sus aliados internacionales dejar de inmiscuirse en los asuntos internos de Bolivia; cuarto, romper las relaciones de subordinación y de dependencia con Hugo Chávez; y, quinto, desvincularse abiertamente del Foro de Sao Paulo.

Si no cumple estas sencillas condiciones, quedará demostrado que Evo Morales no desea dialogar, sino tenderles una trampa, como lo hizo muchas veces Chávez en Venezuela.

Bolivianos: Ustedes son un ejemplo para toda América. ¡No dejen que se pierda en una mesa de negociación lo que con tanto esfuerzo conquistaron en las calles de Santa Cruz!